Un niño en mí país tirita de frío, sin encontrar una mano amiga que le brinde un abrigo, corre hasta un callejón buscando sentir el calor de las paredes que lo adornan.
Un niño en mí país, llora desamparado porque no sabe ni siquiera donde están sus padres, y otro gran motivo, le cobija un hambre incesante que no encuentra quien de ella se apiade.
Un niño en mí país, observa desde un cristal las migajas que caen de la mesa de un restaurante, anhelando alcanzarlas antes de que caigan al suelo, y en última instancia pretendiendo ser él quien las recoja de ahí.
Un niño en mí país, levanta como una bandera, su limpiabotas y corre hacia donde aquellos que tienen la dicha de estar calzados y poder lustrar sus zapatos, al contrario de él, cuyos pies solo los decoran un par de calizos atados por un cordón de tela.
Un niño en mí país, llora en una esquina, porque el sol le penetra hasta los huesos, a las doce del medio día, y tiene que esperar a que algún samaritano pase y le de la volunta de comprar uno de los dulcitos derretidos que lleva en su lomo.
Que triste es la vida de un niño en mí país, quizás tu no lo conozcas, ni lo hayas visto, pero así se encuentra en este instante un niño en mí país.


































